Las hadas


En el bosque de unicornios
las hadas están llorando,
un pobre duende no puede
ir a lazar a Pegaso.
Cuatro rojos cardenales
se ofrecieron a ayudarlo
y cayeron prisioneros
entre las jaulas de un mago.

Un ermitaño cojea
apoyándose en un báculo
el cual pica desdeñoso
al hacer fiestas un gallo.

Pronto llegará la noche
y la sirena del lago
embrujará con su voz
la tormenta de milagros.
El mal crecerá en los ojos
como las rosas de mayo
y el duende estará dormido
junto a su alado caballo.

Los búhos estarán despiertos
atisbando acantilados
y faunos de pelo gris
buscarán los ojos castos.
En el sudor de la noche
serán reyes los esclavos
y una espiral de neblina
se llenará de letargo.

Cuando lleguen las princesas
en sus carruajes dorados
vistiendo suntuosos trajes
brillantes como los astros.
El duende estará soñando
que tomó un camino largo
siguiendo los pavorreales
de plumajes irisados.

Los hechiceros nocturnos
se enfermarán en los campos,
y en el jardín de la muerte
sus cuerpos serán lanzados.



Bajo la lunas más frías
sus almas titiritando
observarán que la nieve
cubre los campos de blanco.
Nunca sabrán que después
primaveras y veranos
proporcionarán más rosas,
más claveles y geranios.


En las fuentes encantadas
lavará el duende su llanto
al saber que un sortilegio
ha de caer de lo alto.
Tejerá vertiginoso
con hilo dorado un lazo
para poner en la boca
de su querido Pegaso.

Pues... lo que el viento desata
si es por amor coronado
la tersa mano de Dios
ha de volver a juntarlo.
Porque toda realidad
es un mundo imaginario
donde esencia y fantasía
ocupan el mismo espacio.

Llegará el fresco rocío,
lucirá el monte argentado,
los tropeles de unicornios
resonarán en el campo.
Las aves del paraíso
con sus gallardos penachos
de coloridas hogueras
llenarán el aire claro.

Por los caminos del bosque
en trajes blanco rosado
más hermosas que discretas
las hadas llenas de encanto,
Verán cruzar por los aires
con los ojos extasiados
lleno de júbilo al duende
sobre su blanco Pegaso.

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