La sílfide


Llega puntual la aurora esplendorosa
presumidamente adornada de luz brillante,
y es en ese momento del día naciente
que me pareces aún más hermosa
Tú, mi hada, tan sólo vestida por el sol radiante.

Desde el día que contemplé tu etéreo caminar
sobre el silencioso arroyo caoba
del suelo de mi alcoba,
comprendí que a ninguna otra podría amar.

 
Cuerpo luminoso por mi deseo moldeado,
ya no necesitas ocultarte
ni en bosques misteriosos,
ni entre las ramas protectoras
de orgullosos árboles centenarios
sino tan sólo entre mis brazos amorosos.


Fascinante materialización de mis anhelos,
eres tan real como mi pasión.
Si eres ángel caído
no temas mis deseos
¡Ven a mi!
pues seré tu añorado cielo azul.

Colorea mi existencia gris de hiel
y no temas mi querer,
¡permanece junto a mi!
pues sólo quiero ser,
eternamente,
el viento que bese tu piel.

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