El Pájaro de los Ojos Amarillos

El último día del invierno, las lechuzas que tienen una pinta morada encima del ojo derecho, se juntan con los murciélagos más viejos.

En casi todos los castros hay unas torcas rodeadas de helechos y de escajos, que parecen cuevas de rámilas. En esas torcas es donde se juntan los murciélagos viejos y las lechuzas que tienen la pinta encarnada encima del ojo derecho. Después que se juntan no se separan hasta que muere uno de los dos. Entonces el vivo come al muerto y se va de la torca para no volver mas, subiéndose a otra cueva que este muy lejos de la que se juntaron.

De estas uniones sale una vez cada cinco años, un bicho muy ruin, que tiene la mitad de lechuza y la otra mitad de murciélago, con los ojos amarillos y muy grandes. En las alas tiene unas rayucas azules y unos bultos chicos, encarnados.
El corazón es negro y la sangre es lo mismo que el aceite que chupan las lechuzas en las lámparas de las iglesias.

Al poco rato de nacer lo dejan solo, porque si no mata a sus padres; el bicho anda muchos días por el monte comiendo lo que encuentra. En las patas tiene unas uñas muy grandes para encaramarse a los árboles y a las peñas, y cuando va volando hace con las alas una cosa parecida a un quejido. Todas las personas que lo encuentren cuando suena la primera campanada de las oraciones, se muere a las cuatro horas de encontrarlo, si antes de llegar a casa no pasa ninguna golondrina por encima de él.
Las golondrinas quitan el mal del hijo del murciélago y de la lechuza, si al verlas se las mira un buen rato y se dice la oración de las coronas:

“Quitaste a Dios las espinas
quítame a mí el mal ardiente
de este pájaro maldito
que por sangre tiene aceite”


En todo el verano no se ve al hijo del murciélago. Cuando hace mucho calor se mete el bicho en una torca y no sale de ella en todo el estío, sin comer nada. Si sale de la torca, el sol le calienta el aceite que tiene en la sangre y se muere abrasado.
Cada diez años, al pájaro de los ojos amarillos se le caen las alas y no puede volar. Entonces se va arrastrando hasta la orilla del río, donde se tira cuando viene el verano porque el aceite que tiene en la sangre le quema todas las entrañas.
En el río en vez de ahogarse, vive muchos años y a fuerza de nadar, creyendo que el calor va volver, salta y salta por los sumideros, donde se muere cuando tiene cien años.

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